jueves, 11 de octubre de 2012


Dios siempre nos Conduce. 

Dios llama a quien quiere y cuando quiere, en mi caso me llamo a muy temprana edad, tan sólo tenía siete años cuando conquisto mi corazón, me dijo “ven y sígueme”.  Quedaron marcadas también aquellas palabras suyas que me dijo en ese momento, quiero que “Seas mío para que ames y sirvas”, “Amar y servir siempre”.
            Dios nos conduce, nos da su mano, uno solamente la estira y se la coge, y Él como un Padre amoroso nos dirige hacia el Amor pleno, hacia la vocación a la cual nos ha llamado, solamente debemos dejarnos conquistar, abrir nuestro corazón, no tener miedo nunca. Porque el miedo solamente destruye nuestra vida, nos ciega y nos aleja de lo que realmente nos hará feliz.  Recordar siempre las palabras de nuestros grandes Papas: “Sí sientes la llamada de Dios, que  te dice Sígueme ¡No la acalles!, No Tengáis miedo”, como decía el Beato Juan Pablo II, y más recientemente nuestro Santo Padre Benedicto XVI: “ ¡No Tengáis miedo de Cristo! Él no quita nada y lo da Todo”. 
            Durante estos años de vida de formación he sido altamente feliz, seguro de mi camino, y en el seminario uno se pule, se forma y va creciendo para un día ser verdaderamente un sacerdote que sirva y ame a todas aquellas almas que Él le ponga delante, a pastorear, llevarlas al amor pleno, a la Verdad.
            Para vivir y ser ejemplo de lo que Dios hizo por nosotros: “vivir de amor y morir de amor”, como lo decía Santa Teresa del Niño Jesús. Porque Quiero vivir para amar, quiero ser llevado por el amor de Dios y ser un ejemplo de ello en la vida sacerdotal a la que Dios me ha llamado.
Seminaristas al Aire


 


Los seminaristas, con la alegría de poder compartir el don de la vocación y gracias a la ayuda del personal de COPE, hemos grabado una cuña publicitaria, invitando a todos aquellos que el Señor está llamando al discernimiento vocacional a que acerquen a nuestro seminario para compartir nuestras experiencias en el seguimiento de Cristo, para motivarlos, con nuestro testimonio, a tomar la decisión que cambiará radicalmente su existencia. Ánimo, es contigo...



 
Benedicto XVI anuncia el Año de la Fe
  Queridos amigos de este Bolg:
Adjuntamos la homilía que Benedicto XVI pronunció el domingo 16 de octubre de 2011 durante la celebración eucarística de clausura del primer encuentro internacional de nuevos evangelizadores, que presidió en la Basílica vaticana.
 
Venerados Hermanos,
¡queridos hermanos y hermanas!
Con alegría celebro hoy la Misa para vosotros, que estáis comprometidos en muchas partes del mundo en las fronteras de la nueva evangelización. Esta Liturgia es la conclusión del encuentro que ayer os llamó a confrontaros en los ámbitos de esa misión y a escuchar algunos testimonios significativos. Yo mismo he querido presentaros algunos pensamientos, mientras hoy parto para vosotros el pan de la Palabra y de la Eucaristía, en la certeza –compartida por todos nosotros- de que sin Cristo, Palabra y Pan de vida, no podemos hacer nada (cf. Jn 15,5). Estoy contento porque este congreso se sitúa en el contexto del mes de octubre, precisamente una semana antes de la Jornada Mundial de las Misiones: esto pone a la nueva evangelización en su justa dimensión, en armonía con la de la misión ad gentes.
Os dirijo un saludo cordial a todos vosotros, que habéis acogido la invitación del Consejo Pontificio para la Promoción de la Nueva Evangelización. En particular saludo y doy las gracias al Presidente de este Dicasterio de reciente institución, Mons. Salvatore Fisichella, y a sus colaboradores.
Vamos ahora a las lecturas bíblicas en las cuales hoy el Señor nos habla. La primera, extraída del Libro de Isaías, nos dice que Dios es uno, es único; no hay otros dioses fuera del Señor, e incluso el poderoso Ciro, emperador de los persas, forma parte de un plan más grande, que sólo Dios conoce y lleva adelante. Esta lectura nos da el sentido teológico de la historia: los cambios de época, el sucederse de las grandes potencias, están bajo el supremo dominio de Dios; ningún poder terreno puede colocarse en su lugar. La teología de la historia es un aspecto importante, esencial, de la nueva evangelización, porque los hombres de nuestro tiempo, tras el nefasto periodo de los imperios totalitarios del siglo XX, necesitan reencontrar una visión global del mundo y del tiempo, una visión verdaderamente libre, pacífica, esa visión que el Concilio Vaticano II ha transmitido en sus Documentos, y que mis Predecesores, el siervo de Dios Pablo VI y el beato Juan Pablo II, han ilustrado con su Magisterio.
La segunda lectura es el inicio de la Primera Carta a los Tesalonicenses, y esto ya es muy sugerente, porque se trata de la carta más antigua que nos ha llegado del mayor evangelizador de todos los tiempos, el apóstol Pablo. Él nos dice ante todo que no se evangeliza de manera aislada: también él tenía de hecho como colaboradores a Silvano y Timoteo (cfr 1 Ts 1,1), y a muchos otros. E inmediatamente agrega otra cosa muy importante: que el anuncio debe estar siempre precedido, acompañado y seguido de la oración. Escribe de hecho: “En todo momento damos gracias a Dios por todos vosotros, recordándoos sin cesar en nuestras oraciones” (v. 2). El Apóstol se dice bien consciente del hecho de que los miembros de la comunidad no los ha elegido él, sino Dios: “fueron elegidos por él”, afirma (v. 4). Cada misionero del Evangelio debe siempre tener presente esta verdad: es el Señor quien toca los corazones con su Palabra y su Espíritu, llamando a las personas a la fe y a la comunión en la Iglesia. Finalmente, Pablo nos deja una enseñanza muy preciosa, extraída de su experiencia. Escribe: “Os fue predicado nuestro Evangelio no sólo con palabras sino también con poder y con el Espíritu Santo con plena persuasión” (v. 5). La evangelización para ser eficaz, necesita la fuerza del Espíritu, que anime el anuncio e infunda en quien lo lleva esa “plena persuasión” de la cual nos habla el Apóstol. Este término “persuasión”, “plena persuasión” en el original griego, es pleroforìa: un vocablo que no expresa tanto el aspecto subjetivo, psicológico, sino más bien la plenitud, la fidelidad, lo completo, en este caso del anuncio de Cristo. Anuncio que, para ser completo y fiel, necesita estar acompañado de signos, de gestos, como la predicación de Jesús. Palabra, Espíritu y persuasión -así entendida- son entonces inseparables y concurren a hacer así que el mensaje evangélico se difunda con eficacia.
Nos detenemos ahora en el pasaje del Evangelio. Se trata del texto sobre la legitimidad del tributo que hay que pagar al César, que contiene la célebre respuesta de Jesús: “Lo del César devolvédselo al César, y lo de Dios a Dios” (Mt 22,21). Pero antes de llegar a este punto, éste es un pasaje que se puede referir a cuanto tienen la misión de evangelizar. De hecho, los interlocutores de Jesús –discípulos de los fariseos y herodianos- se dirigen a Él con una apreciación, diciendo: “Sabemos que eres veraz y enseñas el camino de Dios con franqueza y que no te importa por nadie porque no miras la condición de las personas” (v. 16). Y es precisamente esta afirmación, aun surgida de la hipocresía, la que debe llamar nuestra atención. Los discípulos de los fariseos y los herodianos no creen en lo que dicen. Lo afirman con una captatio benevolentiae para que los escuchen, pero su corazón está bien lejos de esa verdad; más bien quieren ponerle una trampa a Jesús para poderlo acusar. Para nosotros en cambio, esa expresión es preciosa y verdadera: Jesús, en efecto, es verdadero y enseña el camino de Dios según la verdad y no está sujeto por nadie. Él mismo es este “camino de Dios”, que nosotros estamos llamados a recorrer. Podemos recordar las palabras de Jesús, en el Evangelio de Juan: “Yo soy el Camino, la Verdad y la Vida” (14,6). Es iluminador al respecto el comentario de San Agustín: “era necesario que Jesús dijese: Yo soy el camino, la verdad y la vida” porque una vez conocido el camino faltaba conocer la meta. El camino conducía a la verdad, conducía a la vida… y ¿nosotros dónde vamos sino a Él? ¿y por qué camino vamos sino a través de Él? (In Ioh 69, 2). Los nuevos evangelizadores están llamados a caminar los primeros en este Camino que es Cristo, para hacer conocer a los demás la belleza del Evangelio que da la vida. Y en este Camino, no se camina nunca solos, sino en compañía: una experiencia de comunión y de fraternidad que se ofrece a cuantos encontramos, para hacer partícipes a los demás de nuestra experiencia de Cristo y de su Iglesia. Así, el testimonio, junto al anuncio, puede abrir el corazón de los están en busca de la verdad, para que puedan alcanzar el sentido de su propia vida.
Una breve reflexión también sobre la cuestión central del tributo al César. Jesús responde con un sorprendente realismo político, ligado al teocentrismo de la tradición profética. El tributo al César se paga, porque la imagen de la moneda es la suya; pero el hombre, todo hombre, lleva consigo otra imagen, la de Dios, y por tanto es de Él, y sólo de Él de quien cada uno es deudor de su existencia. Los Padres de la Iglesia, inspirándose en el hecho de que Jesús se refiere a la imagen del Emperador acuñada en la moneda del tributo, han interpretado este paso a la luz del concepto fundamental de hombre imagen de Dios, contenido en el primer capítulo del Libro del Génesis. 
Un Autor anónimo escribe: “La imagen de Dios no está impresa en el oro sino en el género humano. La moneda del César es oro, la de Dios es la humanidad… por tanto, da tu riqueza al César, pero reserva a Dios la inocencia única de tu conciencia donde Dios es contemplado… El César, en efecto, ha impreso su imagen en cada moneda, pero Dios ha escogido al hombre, que él ha creado, para reflejar su gloria” (Anónimo, Obra incompleta sobre Mateo, Homilía 42). Y San Agustín ha utilizado muchas veces esta referencia en sus homilías: “Si el César reclama su propia imagen impresa en la moneda –afirma-, ¿no exigirá Dios del hombre la imagen divina esculpida en él? (En. in Ps., Salmo 94, 2). Y aún: “Como se devuelve al César la moneda, así se devuelve a Dios el alma iluminada e impresa por la luz de su rostro… Cristo en efecto habita en el interior del hombre” (Ivi, Salmo 4, 8).
Esta palabra de Jesús es rica en contenido antropológico, y no se la puede reducir solamente al ámbito político. La Iglesia, por tanto, no se limita a recordar a los hombres la justa distinción entre la esfera de autoridad del César y la de Dios, entre el ámbito político y el religioso. La misión de la Iglesia, como la de Cristo, es esencialmente hablar de Dios, recordar su soberanía, recordar a todos, especialmente a los cristianos que han perdido su identidad, el derecho de Dios sobre lo que le pertenece, es decir, nuestra vida.
Precisamente para dar renovado impulso a la misión de toda la Iglesia de conducir a los hombres fuera del desierto en el que a menudo se encuentran hacia el lugar de la vida, la amistad con Cristo que nos da su vida en plenitud, quisiera anunciar en esta Celebración eucarística que he decidido declarar un “Año de la fe” que ilustraré con una especial Carta apostólica. Este “Año de la fe” empezará el 11 de octubre del 2012, en el 50º aniversario de la apertura del Concilio Vaticano II, y terminará el 24 de noviembre del 2013, Solemnidad de Cristo Rey del Universo. Será un momento de gracia y de compromiso por una conversión a Dios cada vez más plena, para reforzar nuestra fe en Él y para anunciarLo con alegría al hombre de nuestro tiempo. 
Queridos hermanos y hermanas, vosotros estáis entre los protagonistas de la evangelización nueva que la Iglesia ha emprendido y lleva adelante, no sin dificultad, pero con el mismo entusiasmo de los primeros cristianos. 
En conclusión, hago mías las expresiones del apóstol Pablo que hemos escuchado: agradezco a Dios por todos vosotros. Y os aseguro que os llevo en mis oraciones, consciente de vuestro compromiso en la fe, vuestra laboriosidad en la caridad y vuestra constante esperanza en Jesucristo nuestro Señor.
Que la Virgen María, que no tuvo miedo a responder “sí” a la Palabra del Señor y, después de haberla concebido en su seno, se puso en camino llena de alegría y esperanza, sea siempre vuestro modelo y vuestra guía. Aprended de la Madre del Señor y Madre nuestra a ser humildes y al mismo tiempo valerosos; sencillos y prudentes; equilibrados y fuertes, no con la fuerza del mundo, sino con la de la verdad. Amén.

miércoles, 10 de octubre de 2012

REFLEXIÓN DE PASTORAL Y ACCIÓN SOCIAL. Textos ( Jn, 6. Jn 1-45. Mt,8,14-15)

            1. Después de leer la Sagrada Escritura, habiendo tomado por primera vez contacto con esta materia (Pastoral y acción social), la Palabra de Dios coge todavía más fuerza. Se encauza en un campo que la filosofía nos dejaba ver de una forma menos abierta a la transcendencia. La teología en la acción social, nos instruye e indica como tiene que proceder la Iglesia y los cristianos, frente a los problemas de la sociedad. Alumbrando desde la fe estas necesidades o carencias que puedan tener los hombres, las empresas, los mercados, el mundo, pero sobre todo las familias.
            2. La Doctrina Social de la Iglesia, es la forma de proceder de la Iglesia frente a un mundo que necesita de Dios, en su Caridad y en su Paternidad. Ilumina a los cristianos y los hace participes de ese plan de salvación que El Padre pide en su voluntad. Dándoles unos principios de reflexión, en los que puedan moverse y evangelizar desde el ejemplo, de Cristo en medio del mundo. Pues, esta no es sólo una labor de los sacerdotes, si no de todo cristiano, de toda la Iglesia.
            3. En estos tres textos bíblicos, me encuentro con un Jesucristo que clama al mundo atención. Un mensaje que es adoptado por aquellos que quieren escuchar su voz y pretenden seguirle, ayer, hoy y siempre, en sus dudas y dificultades, en sus miserias y pobrezas, y como no en su condición de pecadores. Pero estas condiciones, no frenan a Jesucristo ni a su celo de llevar a cabo la voluntad del Padre, que en su misericordia no mira nuestros pecados, solo quiere ver nuestra respuesta a su llamada. Jesucristo, se hace caridad para con nosotros, se entrega como ejemplo, como Amor para ver, como luz para juzgar, como pan para actuar.
            4. En Mt, 8, 14-15, vemos la síntesis de lo que dice el papa Juan XXIII al tratar de explicar en “Mater et Magistra”, la funcionalidad que tiene que tener un cristiano al aplicar lo aprendido en la Doctrina Social de la Iglesia. Ver, la realidad y estudiarla. Juzgar según la voluntad del Padre, y en nuestra condición según la palabra de Dios. Actuar según la necesidad y las directrices adoptadas. Jesús ve a un enfermo, juzga la situación y actúa para sanar su enfermedad, dar una resolución a su problema, en este caso la mejor solución.
            5. Seguidamente en Jn, 6, vemos cual es la respuesta de la gente a la actuación que tiene Jesucristo con los que están enfermos, los necesitados de Dios. Jesucristo hace en Él, el ejemplo a seguir, y lo hace cuando la gente comienza a ver los gestos. La caridad no pide la conversión instantánea, más bien la caridad es instructiva y modela el corazón. Como se dice en el Salmo 126, 1- 2. Es Dios quién modela el corazón, y todo esfuerzo por cambiarse a uno mismo es inútil, si no reconocemos nuestra debilidad y a Dios como quien tiene esa capacidad. Dios nos da la gracia de poder creer y nos llama a ello. Pues en Jn, 6, 5-16 se realiza el milagro de los panes y los peces. Una clara muestra de cuanto puede colmar nuestro Señor a quien se entrega de corazón y lo entrega todo, sin reservas. Pues, Dios sabe y nos dice en Jn, 6, 16-21 “No temáis Soy yo” quiere que abramos nuestro corazón a Él, ya que sabe bien que pan necesita, sabe que alimento necesita nuestro espíritu, Jn 6, 22-27.
            La Doctrina Social de la Iglesia, nos pide que seamos protagonistas en nuestra vida cristiana. Que no tengamos miedo a manifestar a Dios y a su Iglesia cuando hacemos obras de caridad a la sociedad. Ya que el hombre en medio del mundo esta dudando de su propia condición de hombre. En la caridad, esta la entrega, y en esa entrega nos tenemos que dar como pan que baja del cielo, a ejemplo de Jesucristo Jn 6, 34- 40. Quien es capaz de probar de este pan que Dios da por medio de Jesucristo y  la Iglesia, su necesidad cambia, y su vida cambia. Pues Dios, tiene esa riqueza de poder cambiar las cosas del mundo. Transforma lo mundano en divino, y el que cree en Él  comiendo de ese pan tiene vida eterna. Jn 6, 52-58.
Por medio de esta palabra y la Doctrina social, me doy cuenta  de que aunque la gente no crea y exista gente mala en el mundo que quiera impedir la fe en Dios, la Iglesia no tiene que decaer en la desesperación y el desánimo. Tenemos medios suficientes que nos fortalecen, siendo capaces de transformar por nuestro ejemplo, aprendido en Jesucristo, a esa gente que no cree, esta apartada y necesitada de Dios. Estos son, la Eucaristía, la Palabra de Dios Jn 6, 67-71, y el sí en nuestro compromiso como cristianos dispuestos ayudar desde la caridad, desde nuestra propia entrega y sacrificio. El ejemplo de Jesucristo cumpliendo la voluntad del Padre, tiene que mover a toda la Iglesia a creer en Él y querer seguir sus pasos. Ya que Jesucristo es la luz del mundo Jn, 8, 12 que puede juzgar y ver las cosas para saber actuar correctamente en la voluntad del Padre. Si queremos aplicar la caridad en misión pastoral o acción social de manera que sea capaz de modelar los corazones del mundo, pidámoslo a Dios y veamos que podemos utilizar de la Doctrina Social de la Iglesia. Pues, solo Jesucristo puede sacarnos de la oscuridad que el mundo tiene dar un verdadero sentido a lo que realizamos por el Amor infinito de Dios Padre.

                                                           David Escoin Rubio

martes, 9 de octubre de 2012

Seminario


FIESTA DE INCIO DEL CUSRO ACADEMICO 2012-2013


            El pasado jueves día 4 de Octubre, se vivió en el seminario, la apertura del curso académico 2012-2013. Se comenzó por celebrar la Eucaristía, presidida por nuestro Obispo Casimiro, rogando el auxilio del Espíritu Santo en asistencia del curso tanto a alumnos y profesores.

            Seguidamente, comenzó el acto académico, con una brillante exposición de manos de José María Monforte, en la que se expuso el tema Fe y Razón en le pensamiento de Benedicto XVI.

            También, se expusieron los cursos pasados y por iniciar del Centro de Estudios Superior teológico del Seminario Mater Dei, el Instituto Pontificio de Juan Pablo II en Castellón y por último el  Instituto de Ciencias Religiosas.

Para finalizar el acto, nuestro Obispo Casimiro dio por iniciado el curso 2012-2013. 














La puerta de la fe se cruza cuando la Palabra de Dios se anuncia
y el corazón se deja plasmar por la gracia que transforma.
                                                                                     
                                                                                                                          (cf. Porta Fidei 1, de S.S. Benedicto XVI)




Anuncio y convocatoria:
El Papa Benedicto XVI nos invita a vivir y celebrar el año de la Fe. Comenzará el 11 de octubre de 2012, en el cincuenta aniversario del concilio Vaticano II y los veinte años de la publicación del Catecismo de la Iglesia Católica, y terminará en la solemnidad de Jesucristo, Rey del Universo, el 24 de noviembre de 2013.

Finalidad, ¿para qué un año de la fe?: (decir vivir es decir conocer, celebrar y transmitir)
  • Vivir la comunión de vida con Dios, porque el Señor nos llama a la conversión, a ser sus amigos
  • Vivir la vocación del bautismo, porque somos hijos de Dios
  • Vivir en y con la Iglesia, porque somos miembros de la familia de Jesús
  • Vivir la fe en la Trinidad, porque Dios es Amor
  • Escuchar la Palabra viva de Dios, creerla y transmitirla siendo sal y luz del mundo
  • Profundizar en el concilio Vat. II y el Catecismo de la Iglesia Católica
  • Tomar conciencia de la Fe, profesarla y transmitirla en la propuesta para la nueva evangelización

Pero, ¿qué es la fe? ¿qué es creer?:
Algunos dicen que creen en lo que saben, tocan y experimentan. Sin darse cuenta que todos los días y constantemente están fiándose y haciendo actos de fe: acostarte para levantarte al día siguiente, creer que cada célula de tu cuerpo tiene el ADN, creer que el Everest es la montaña más alta, creer que tu madre os preparará la cena…

Un paracaidista preguntó a un empleado del aeropuerto si estaba bien preparado el paracaídas. Aquel le respondió indiferente: “Creo que sí”. Esto no es suficiente para él; esto quiere saberlo seguro. Pero si se lo pide a un amigo que le prepare el paracaídas, éste le contestará a la misma pregunta: “sí, lo he hecho personalmente. ¡Puedes confiar en mí!”. Y el paracaidista replicará: “Te creo”. Esta fe es mucho más que saber: es certeza.

La fe es confianza, es dejarte amar y ser amado, Para responder con el sí creo, amando. Creer en Dios quiere decir comprender que con las cosas del mundo no se basta. Creer en Dios quiere decir comprender que la vida tiene un sentido. Tú también has experimentado que el mundo visible y el transcurso normal de las cosas no pueden ser todo. Sientes el misterio, una conmoción, una inquietud. Y sigues las señales que te indican la existencia y la presencia de Dios. Para finalmente acogerlo y alabarlo. Porque el mismo se nos comunica, nos habla, te habla.

¿A quién creemos y por qué?:
En el evangelio de san Juan leemos: “A Dios nadie lo ha visto jamás…” y es Jesucristo, el Hijo de Dios quien nos lo ha dado a conocer. Ha venido enviado por el Padre para eso: amarnos, abrirnos a la amistad con Dios y enseñarnos el camino del cielo: Por eso, debemos creer en Jesús si queremos saber qué nos quiere comunicar y decirnos Dios, nuestro Padre. Por eso creer es acoger a Jesús y jugarse toda la vida por él y con él.

Y, ¿cómo creer?:
  • La fe es un don de Dios que hay que pedir con humildad y sinceridad.
  • La fe es la fuerza para vivir como hijos y acoger la salvación y el amor de Dios.
  • La fe es saber, confiar y acoger la voluntad de Dios.
  • La fe tiene la garantía de Jesús.
  • La fe se vive en Iglesia, porque no creemos individualmente sino en la fe de la familia de Jesús.
  • La fe se completa con el amor y la esperanza.
  • La fe aumenta si escuchamos con más atención la voz de Dios y orando hacemos un intercambio, un diálogo vivo con él.


  • La fe es la alegría de sentirnos amados y de sabernos llamados para el cielo.

Exhortaciones finales:
Ante todo, es el amor de Cristo el que llena nuestros corazones y nos impulsa a evangelizar.

La fe sólo crece y se fortalece creyendo…abandonándonos en un amor que se experimenta siempre como más grande porque tiene su origen en Dios.

La alegría del amor, la respuesta al drama del sufrimiento y el dolor, la esperanza ante la profunda crisis económica y moral, la fuerza del perdón ante la ofensa recibida y la victoria de la vida ante el vacío de la muerte, todo tiene su cumplimiento en Jesucristo, Dios que se ha hecho hombre y vive con y por nosotros resucitado.

Esta es la Fe de la Iglesia (el Credo), la Fe de María, de los Apóstoles, de los discípulos, de los mártires, de los hombres y mujeres que han consagrado su vida a Cristo, de todos los bautizados, de todos nosotros, también de ti.

Reconociendo al Señor Jesús, vivo y presente en nuestras vidas, nos mueve a la caridad y a la esperanza, a las obras de misericordia, a buscar la justicia y el bien común, a ayudar a los más necesitados.

Que en este Año de la Fe, crezcamos y nos afiancemos en el regalo más grande que hemos recibido en la Iglesia.



videoMiguel Abril.

RETIRO ESPIRITUAL  EN TALES 2012-2013



Amigos de este blog:

            La semana del 16 al 22 de Septiembre, el seminario terminó el período de preparación al inicio de curso. Después de los días de convivencia, vinieron los días de paz y encuentro con el Señor: “Los ejercicios espirituales”.

            Son días de silencio en los que Dios nos habla, para transmitirnos aquello que nos es necesario a nuestra fe, impulsa nuestra vida a dar un paso más, ayudándonos a vivir más plenamente el seminario, en un camino de perfeccionamiento, asumiendo la identidad de Cristo sacerdote. En  la formación espiritual, la vivencia de los propios ejercicios, la exposición del Santísimo Sacramento, el rezo del rosario, la celebración de la Eucaristía, los momentos de escritura, el tiempo de lectura de la palabra de Dios, el servicio a los compañeros y sobre todo los momentos de Gracia.

            Los ejercicios espirituales, culminaron con la celebración de la Eucaristía con nuestro Obispo Casimiro. Al cual le agradecemos su presencia y exhortación, a vivir en una comunidad dispuesta a entregarse los unos por los otros, desde el servicio, la caridad, la fraternidad y el amor. Todo ello vivido desde la fe. 

SEMANA DE CONVIVENCIA DEL SEMINARIO MATER DEI.


           Queridos amigos de este blog:

Después de un largo verano, comienza el curso académico y la vuelta al seminario se hace patente. Septiembre es el mes del ánimo. Cada persona que encuentras por la calle y hablas con ella, suele darte un trozo de su confianza y apoyo en las palabras de “animo sigue adelante”. Así, con una sonrisa provocada por la alegría de sentirse animado por las personas, comenzamos este nuevo curso. Con ello y con la esperanza puesta en Cristo y la Virgen María. Ambos nos llenan de confianza, serenidad y felicidad. Sabiendo que están con nosotros, la vida en el seminario se hace muchísimo más amena, pacifica y provechosa.

            Este año, comenzó con buen pie, la entrada al seminario. En primer lugar, por las nuevas incorporaciones al seminario. Samuel, que era seminarista menor el año pasado, y que este año se incorpora a la comunidad del seminario mayor al haber aprobado el bachillerato. Santiago que viene del Grao de Castellón y empieza el curso de filosofía. Por último Alan, que viene de Valencia y es de México. A todos ellos ¡enhorabuena! Os recibimos con alegría. El segundo motivo de nuestra alegría es por haber comenzado las convivencias celebrando la Eucaristía el día 11 de Septiembre, en la fiesta de la Patrona de nuestra diócesis Segorbe-Castellón, la Virgen de la Cueva Santa. Celebración que fue presidida por nuestro Obispo Casimiro, el cual estaba muy contento por la festividad y las nuevas incorporaciones.

            El día siguiente visitamos la parroquia de D. Nuno Carvalho, párroco en Torreblanca. Pueblo límite de nuestra diócesis por el norte de la costa. Vimos la parroquia, el Cristo del calvario y un a capilla dedicada a San Francisco de Ásis, por cierto muy bien restaurada. Celebramos la Eucaristía y después visitamos la capilla de la playa.

            De un lado a otro de la costa, Almenara fue el pueblo que visitamos el jueves día 13 de Septiembre. Esta situado al sur de nuestra diócesis y apegado a la provincia de Valencia. Nos acogieron las Hermanas Angélicas del Sagrado Corazón, cuya fundadora es la Santa Genoveva Torres. Vimos el museo, la Iglesia y la casa donde viven las Hermanas.

            La semana fue intensa, pero nos ayudó a coger fuerzas.