martes, 11 de diciembre de 2012

LA CELEBRACIÓN DE LA INMACULADA 2012


El pasado día 7 de diciembre, el Seminario Mater Dei, rezó solemnemente el último día de la novena y las primeras vísperas dando comienzo a la celebración de un día tan grato para la Iglesia peregrina de España, la Solemnidad de la Inmaculada concepción.


Todos los seminaristas junto a D. Miguel Abril, rector del seminario, cantamos con efusión el canto de la Salve, a nuestra Madre del Cielo. 

Viva por siempre la Santísima Virgen María.




María Inmaculada.

            Queridos Amigos en la fe:

Me gustaría compartir esta pequeña reflexión con ustedes, sobre María y la pasada celebración de la solemnidad del día de la Inmaculada concepción:

            María es la criatura que después de la Santísima Trinidad, recibe  los mayores honores y glorias. Dentro de la Iglesia recibe Veneración especial, con el nombre de hiperdulía. Por que ha sido a ojos de Dios colmada de bienes. Como anuncia el Ángel Gabriel en la escritura: “Alégrate, llena de gracia, el Señor está contigo; bendita tú entre las mujeres”. El Ángel Gabriel, anuncia su titulo y le ayuda a comprender que ha encontrado Gracia ante Dios. Pues, ella iba a ser la que diese a luz al Salvador.

            ¿Pero que quiere decir que está llena de gracia? Pues, que la Virgen María, poseía un singular estado sobrenatural del alma en comunión con Dios. En ella no había pecado original. Debido a que de ella tenía que nacer Dios. Y de su seno Inmaculado nació el salvador del mundo, para adquirir naturaleza humana.

María, es para todo el pueblo cristiano un ejemplo a seguir. Ella es testimonio de entrega, silencio, servicio, caridad. En María podemos, los cristianos, sobrecogernos por haber mostrado al mundo cómo tenemos que vivir nuestra fe. Con su Si, María nos acogió como pueblo, nos escogió como hijos amados de su Creador, Hijo y Esposo.            

María entregó de sí todo lo que tenía para que nosotros nos desarrollarnos como ese pueblo escogido, esa imagen de Cristo, esa Iglesia de Amor. Y lo único que tenía en ella era el Amor de Dios, y con ese Amor nos quiso ayudar, ofreciéndolo a Dios por nosotros, a través de su vida siempre entregada a Dios. Quiso para sí, la voluntad de Dios. Por que María que era humilde y sencilla, entendía que era pobre en su totalidad ante la grandeza de Dios, y sabía que hasta el Amor que ella poseía era de Dios. María vencía así, al orgullo y a la vana gloria, cuando en su libertad decidió devolver a Dios lo que era suyo, lo que ella necesitaba para vivir, no quedándose para sí nada. Ella se hizo esclava de Dios, y fue entonces cuando Dios la colmo de la libertad, que produjo en ella bienes que sobreponían antes la voluntad de Dios, que las artimañas del mundo y del diablo. Definitivamente, María chafó la cabeza de la serpiente, y la chafó en nombre de la voluntad de Dios, anunciado así desde antiguo en el Génesis Dios mismo. (Gn 3, 14-15)

Por eso, hay que estar alegres a la hora de celebrar esta solemnidad, y de celebrarla por lo más alto. Con orgullo de poder tener una Madre que nos espera siempre con los brazos abiertos. Nunca dejemos de pedirle auxilio, y de darle las gracias. Por que en aquel momento, su primer paso- el Sí- hacia la salvación, nos cambió a todos los hombres, dándonos no solo ejemplo, si no también una pequeña parcela en su inmaculado corazón.

Queramos serte fieles, ¡Oh! siempre Virgen María.   

                                                                                       David Escoin

jueves, 11 de octubre de 2012


Dios siempre nos Conduce. 

Dios llama a quien quiere y cuando quiere, en mi caso me llamo a muy temprana edad, tan sólo tenía siete años cuando conquisto mi corazón, me dijo “ven y sígueme”.  Quedaron marcadas también aquellas palabras suyas que me dijo en ese momento, quiero que “Seas mío para que ames y sirvas”, “Amar y servir siempre”.
            Dios nos conduce, nos da su mano, uno solamente la estira y se la coge, y Él como un Padre amoroso nos dirige hacia el Amor pleno, hacia la vocación a la cual nos ha llamado, solamente debemos dejarnos conquistar, abrir nuestro corazón, no tener miedo nunca. Porque el miedo solamente destruye nuestra vida, nos ciega y nos aleja de lo que realmente nos hará feliz.  Recordar siempre las palabras de nuestros grandes Papas: “Sí sientes la llamada de Dios, que  te dice Sígueme ¡No la acalles!, No Tengáis miedo”, como decía el Beato Juan Pablo II, y más recientemente nuestro Santo Padre Benedicto XVI: “ ¡No Tengáis miedo de Cristo! Él no quita nada y lo da Todo”. 
            Durante estos años de vida de formación he sido altamente feliz, seguro de mi camino, y en el seminario uno se pule, se forma y va creciendo para un día ser verdaderamente un sacerdote que sirva y ame a todas aquellas almas que Él le ponga delante, a pastorear, llevarlas al amor pleno, a la Verdad.
            Para vivir y ser ejemplo de lo que Dios hizo por nosotros: “vivir de amor y morir de amor”, como lo decía Santa Teresa del Niño Jesús. Porque Quiero vivir para amar, quiero ser llevado por el amor de Dios y ser un ejemplo de ello en la vida sacerdotal a la que Dios me ha llamado.
Seminaristas al Aire


 


Los seminaristas, con la alegría de poder compartir el don de la vocación y gracias a la ayuda del personal de COPE, hemos grabado una cuña publicitaria, invitando a todos aquellos que el Señor está llamando al discernimiento vocacional a que acerquen a nuestro seminario para compartir nuestras experiencias en el seguimiento de Cristo, para motivarlos, con nuestro testimonio, a tomar la decisión que cambiará radicalmente su existencia. Ánimo, es contigo...



 
Benedicto XVI anuncia el Año de la Fe
  Queridos amigos de este Bolg:
Adjuntamos la homilía que Benedicto XVI pronunció el domingo 16 de octubre de 2011 durante la celebración eucarística de clausura del primer encuentro internacional de nuevos evangelizadores, que presidió en la Basílica vaticana.
 
Venerados Hermanos,
¡queridos hermanos y hermanas!
Con alegría celebro hoy la Misa para vosotros, que estáis comprometidos en muchas partes del mundo en las fronteras de la nueva evangelización. Esta Liturgia es la conclusión del encuentro que ayer os llamó a confrontaros en los ámbitos de esa misión y a escuchar algunos testimonios significativos. Yo mismo he querido presentaros algunos pensamientos, mientras hoy parto para vosotros el pan de la Palabra y de la Eucaristía, en la certeza –compartida por todos nosotros- de que sin Cristo, Palabra y Pan de vida, no podemos hacer nada (cf. Jn 15,5). Estoy contento porque este congreso se sitúa en el contexto del mes de octubre, precisamente una semana antes de la Jornada Mundial de las Misiones: esto pone a la nueva evangelización en su justa dimensión, en armonía con la de la misión ad gentes.
Os dirijo un saludo cordial a todos vosotros, que habéis acogido la invitación del Consejo Pontificio para la Promoción de la Nueva Evangelización. En particular saludo y doy las gracias al Presidente de este Dicasterio de reciente institución, Mons. Salvatore Fisichella, y a sus colaboradores.
Vamos ahora a las lecturas bíblicas en las cuales hoy el Señor nos habla. La primera, extraída del Libro de Isaías, nos dice que Dios es uno, es único; no hay otros dioses fuera del Señor, e incluso el poderoso Ciro, emperador de los persas, forma parte de un plan más grande, que sólo Dios conoce y lleva adelante. Esta lectura nos da el sentido teológico de la historia: los cambios de época, el sucederse de las grandes potencias, están bajo el supremo dominio de Dios; ningún poder terreno puede colocarse en su lugar. La teología de la historia es un aspecto importante, esencial, de la nueva evangelización, porque los hombres de nuestro tiempo, tras el nefasto periodo de los imperios totalitarios del siglo XX, necesitan reencontrar una visión global del mundo y del tiempo, una visión verdaderamente libre, pacífica, esa visión que el Concilio Vaticano II ha transmitido en sus Documentos, y que mis Predecesores, el siervo de Dios Pablo VI y el beato Juan Pablo II, han ilustrado con su Magisterio.
La segunda lectura es el inicio de la Primera Carta a los Tesalonicenses, y esto ya es muy sugerente, porque se trata de la carta más antigua que nos ha llegado del mayor evangelizador de todos los tiempos, el apóstol Pablo. Él nos dice ante todo que no se evangeliza de manera aislada: también él tenía de hecho como colaboradores a Silvano y Timoteo (cfr 1 Ts 1,1), y a muchos otros. E inmediatamente agrega otra cosa muy importante: que el anuncio debe estar siempre precedido, acompañado y seguido de la oración. Escribe de hecho: “En todo momento damos gracias a Dios por todos vosotros, recordándoos sin cesar en nuestras oraciones” (v. 2). El Apóstol se dice bien consciente del hecho de que los miembros de la comunidad no los ha elegido él, sino Dios: “fueron elegidos por él”, afirma (v. 4). Cada misionero del Evangelio debe siempre tener presente esta verdad: es el Señor quien toca los corazones con su Palabra y su Espíritu, llamando a las personas a la fe y a la comunión en la Iglesia. Finalmente, Pablo nos deja una enseñanza muy preciosa, extraída de su experiencia. Escribe: “Os fue predicado nuestro Evangelio no sólo con palabras sino también con poder y con el Espíritu Santo con plena persuasión” (v. 5). La evangelización para ser eficaz, necesita la fuerza del Espíritu, que anime el anuncio e infunda en quien lo lleva esa “plena persuasión” de la cual nos habla el Apóstol. Este término “persuasión”, “plena persuasión” en el original griego, es pleroforìa: un vocablo que no expresa tanto el aspecto subjetivo, psicológico, sino más bien la plenitud, la fidelidad, lo completo, en este caso del anuncio de Cristo. Anuncio que, para ser completo y fiel, necesita estar acompañado de signos, de gestos, como la predicación de Jesús. Palabra, Espíritu y persuasión -así entendida- son entonces inseparables y concurren a hacer así que el mensaje evangélico se difunda con eficacia.
Nos detenemos ahora en el pasaje del Evangelio. Se trata del texto sobre la legitimidad del tributo que hay que pagar al César, que contiene la célebre respuesta de Jesús: “Lo del César devolvédselo al César, y lo de Dios a Dios” (Mt 22,21). Pero antes de llegar a este punto, éste es un pasaje que se puede referir a cuanto tienen la misión de evangelizar. De hecho, los interlocutores de Jesús –discípulos de los fariseos y herodianos- se dirigen a Él con una apreciación, diciendo: “Sabemos que eres veraz y enseñas el camino de Dios con franqueza y que no te importa por nadie porque no miras la condición de las personas” (v. 16). Y es precisamente esta afirmación, aun surgida de la hipocresía, la que debe llamar nuestra atención. Los discípulos de los fariseos y los herodianos no creen en lo que dicen. Lo afirman con una captatio benevolentiae para que los escuchen, pero su corazón está bien lejos de esa verdad; más bien quieren ponerle una trampa a Jesús para poderlo acusar. Para nosotros en cambio, esa expresión es preciosa y verdadera: Jesús, en efecto, es verdadero y enseña el camino de Dios según la verdad y no está sujeto por nadie. Él mismo es este “camino de Dios”, que nosotros estamos llamados a recorrer. Podemos recordar las palabras de Jesús, en el Evangelio de Juan: “Yo soy el Camino, la Verdad y la Vida” (14,6). Es iluminador al respecto el comentario de San Agustín: “era necesario que Jesús dijese: Yo soy el camino, la verdad y la vida” porque una vez conocido el camino faltaba conocer la meta. El camino conducía a la verdad, conducía a la vida… y ¿nosotros dónde vamos sino a Él? ¿y por qué camino vamos sino a través de Él? (In Ioh 69, 2). Los nuevos evangelizadores están llamados a caminar los primeros en este Camino que es Cristo, para hacer conocer a los demás la belleza del Evangelio que da la vida. Y en este Camino, no se camina nunca solos, sino en compañía: una experiencia de comunión y de fraternidad que se ofrece a cuantos encontramos, para hacer partícipes a los demás de nuestra experiencia de Cristo y de su Iglesia. Así, el testimonio, junto al anuncio, puede abrir el corazón de los están en busca de la verdad, para que puedan alcanzar el sentido de su propia vida.
Una breve reflexión también sobre la cuestión central del tributo al César. Jesús responde con un sorprendente realismo político, ligado al teocentrismo de la tradición profética. El tributo al César se paga, porque la imagen de la moneda es la suya; pero el hombre, todo hombre, lleva consigo otra imagen, la de Dios, y por tanto es de Él, y sólo de Él de quien cada uno es deudor de su existencia. Los Padres de la Iglesia, inspirándose en el hecho de que Jesús se refiere a la imagen del Emperador acuñada en la moneda del tributo, han interpretado este paso a la luz del concepto fundamental de hombre imagen de Dios, contenido en el primer capítulo del Libro del Génesis. 
Un Autor anónimo escribe: “La imagen de Dios no está impresa en el oro sino en el género humano. La moneda del César es oro, la de Dios es la humanidad… por tanto, da tu riqueza al César, pero reserva a Dios la inocencia única de tu conciencia donde Dios es contemplado… El César, en efecto, ha impreso su imagen en cada moneda, pero Dios ha escogido al hombre, que él ha creado, para reflejar su gloria” (Anónimo, Obra incompleta sobre Mateo, Homilía 42). Y San Agustín ha utilizado muchas veces esta referencia en sus homilías: “Si el César reclama su propia imagen impresa en la moneda –afirma-, ¿no exigirá Dios del hombre la imagen divina esculpida en él? (En. in Ps., Salmo 94, 2). Y aún: “Como se devuelve al César la moneda, así se devuelve a Dios el alma iluminada e impresa por la luz de su rostro… Cristo en efecto habita en el interior del hombre” (Ivi, Salmo 4, 8).
Esta palabra de Jesús es rica en contenido antropológico, y no se la puede reducir solamente al ámbito político. La Iglesia, por tanto, no se limita a recordar a los hombres la justa distinción entre la esfera de autoridad del César y la de Dios, entre el ámbito político y el religioso. La misión de la Iglesia, como la de Cristo, es esencialmente hablar de Dios, recordar su soberanía, recordar a todos, especialmente a los cristianos que han perdido su identidad, el derecho de Dios sobre lo que le pertenece, es decir, nuestra vida.
Precisamente para dar renovado impulso a la misión de toda la Iglesia de conducir a los hombres fuera del desierto en el que a menudo se encuentran hacia el lugar de la vida, la amistad con Cristo que nos da su vida en plenitud, quisiera anunciar en esta Celebración eucarística que he decidido declarar un “Año de la fe” que ilustraré con una especial Carta apostólica. Este “Año de la fe” empezará el 11 de octubre del 2012, en el 50º aniversario de la apertura del Concilio Vaticano II, y terminará el 24 de noviembre del 2013, Solemnidad de Cristo Rey del Universo. Será un momento de gracia y de compromiso por una conversión a Dios cada vez más plena, para reforzar nuestra fe en Él y para anunciarLo con alegría al hombre de nuestro tiempo. 
Queridos hermanos y hermanas, vosotros estáis entre los protagonistas de la evangelización nueva que la Iglesia ha emprendido y lleva adelante, no sin dificultad, pero con el mismo entusiasmo de los primeros cristianos. 
En conclusión, hago mías las expresiones del apóstol Pablo que hemos escuchado: agradezco a Dios por todos vosotros. Y os aseguro que os llevo en mis oraciones, consciente de vuestro compromiso en la fe, vuestra laboriosidad en la caridad y vuestra constante esperanza en Jesucristo nuestro Señor.
Que la Virgen María, que no tuvo miedo a responder “sí” a la Palabra del Señor y, después de haberla concebido en su seno, se puso en camino llena de alegría y esperanza, sea siempre vuestro modelo y vuestra guía. Aprended de la Madre del Señor y Madre nuestra a ser humildes y al mismo tiempo valerosos; sencillos y prudentes; equilibrados y fuertes, no con la fuerza del mundo, sino con la de la verdad. Amén.

miércoles, 10 de octubre de 2012

REFLEXIÓN DE PASTORAL Y ACCIÓN SOCIAL. Textos ( Jn, 6. Jn 1-45. Mt,8,14-15)

            1. Después de leer la Sagrada Escritura, habiendo tomado por primera vez contacto con esta materia (Pastoral y acción social), la Palabra de Dios coge todavía más fuerza. Se encauza en un campo que la filosofía nos dejaba ver de una forma menos abierta a la transcendencia. La teología en la acción social, nos instruye e indica como tiene que proceder la Iglesia y los cristianos, frente a los problemas de la sociedad. Alumbrando desde la fe estas necesidades o carencias que puedan tener los hombres, las empresas, los mercados, el mundo, pero sobre todo las familias.
            2. La Doctrina Social de la Iglesia, es la forma de proceder de la Iglesia frente a un mundo que necesita de Dios, en su Caridad y en su Paternidad. Ilumina a los cristianos y los hace participes de ese plan de salvación que El Padre pide en su voluntad. Dándoles unos principios de reflexión, en los que puedan moverse y evangelizar desde el ejemplo, de Cristo en medio del mundo. Pues, esta no es sólo una labor de los sacerdotes, si no de todo cristiano, de toda la Iglesia.
            3. En estos tres textos bíblicos, me encuentro con un Jesucristo que clama al mundo atención. Un mensaje que es adoptado por aquellos que quieren escuchar su voz y pretenden seguirle, ayer, hoy y siempre, en sus dudas y dificultades, en sus miserias y pobrezas, y como no en su condición de pecadores. Pero estas condiciones, no frenan a Jesucristo ni a su celo de llevar a cabo la voluntad del Padre, que en su misericordia no mira nuestros pecados, solo quiere ver nuestra respuesta a su llamada. Jesucristo, se hace caridad para con nosotros, se entrega como ejemplo, como Amor para ver, como luz para juzgar, como pan para actuar.
            4. En Mt, 8, 14-15, vemos la síntesis de lo que dice el papa Juan XXIII al tratar de explicar en “Mater et Magistra”, la funcionalidad que tiene que tener un cristiano al aplicar lo aprendido en la Doctrina Social de la Iglesia. Ver, la realidad y estudiarla. Juzgar según la voluntad del Padre, y en nuestra condición según la palabra de Dios. Actuar según la necesidad y las directrices adoptadas. Jesús ve a un enfermo, juzga la situación y actúa para sanar su enfermedad, dar una resolución a su problema, en este caso la mejor solución.
            5. Seguidamente en Jn, 6, vemos cual es la respuesta de la gente a la actuación que tiene Jesucristo con los que están enfermos, los necesitados de Dios. Jesucristo hace en Él, el ejemplo a seguir, y lo hace cuando la gente comienza a ver los gestos. La caridad no pide la conversión instantánea, más bien la caridad es instructiva y modela el corazón. Como se dice en el Salmo 126, 1- 2. Es Dios quién modela el corazón, y todo esfuerzo por cambiarse a uno mismo es inútil, si no reconocemos nuestra debilidad y a Dios como quien tiene esa capacidad. Dios nos da la gracia de poder creer y nos llama a ello. Pues en Jn, 6, 5-16 se realiza el milagro de los panes y los peces. Una clara muestra de cuanto puede colmar nuestro Señor a quien se entrega de corazón y lo entrega todo, sin reservas. Pues, Dios sabe y nos dice en Jn, 6, 16-21 “No temáis Soy yo” quiere que abramos nuestro corazón a Él, ya que sabe bien que pan necesita, sabe que alimento necesita nuestro espíritu, Jn 6, 22-27.
            La Doctrina Social de la Iglesia, nos pide que seamos protagonistas en nuestra vida cristiana. Que no tengamos miedo a manifestar a Dios y a su Iglesia cuando hacemos obras de caridad a la sociedad. Ya que el hombre en medio del mundo esta dudando de su propia condición de hombre. En la caridad, esta la entrega, y en esa entrega nos tenemos que dar como pan que baja del cielo, a ejemplo de Jesucristo Jn 6, 34- 40. Quien es capaz de probar de este pan que Dios da por medio de Jesucristo y  la Iglesia, su necesidad cambia, y su vida cambia. Pues Dios, tiene esa riqueza de poder cambiar las cosas del mundo. Transforma lo mundano en divino, y el que cree en Él  comiendo de ese pan tiene vida eterna. Jn 6, 52-58.
Por medio de esta palabra y la Doctrina social, me doy cuenta  de que aunque la gente no crea y exista gente mala en el mundo que quiera impedir la fe en Dios, la Iglesia no tiene que decaer en la desesperación y el desánimo. Tenemos medios suficientes que nos fortalecen, siendo capaces de transformar por nuestro ejemplo, aprendido en Jesucristo, a esa gente que no cree, esta apartada y necesitada de Dios. Estos son, la Eucaristía, la Palabra de Dios Jn 6, 67-71, y el sí en nuestro compromiso como cristianos dispuestos ayudar desde la caridad, desde nuestra propia entrega y sacrificio. El ejemplo de Jesucristo cumpliendo la voluntad del Padre, tiene que mover a toda la Iglesia a creer en Él y querer seguir sus pasos. Ya que Jesucristo es la luz del mundo Jn, 8, 12 que puede juzgar y ver las cosas para saber actuar correctamente en la voluntad del Padre. Si queremos aplicar la caridad en misión pastoral o acción social de manera que sea capaz de modelar los corazones del mundo, pidámoslo a Dios y veamos que podemos utilizar de la Doctrina Social de la Iglesia. Pues, solo Jesucristo puede sacarnos de la oscuridad que el mundo tiene dar un verdadero sentido a lo que realizamos por el Amor infinito de Dios Padre.

                                                           David Escoin Rubio

martes, 9 de octubre de 2012

Seminario


FIESTA DE INCIO DEL CUSRO ACADEMICO 2012-2013


            El pasado jueves día 4 de Octubre, se vivió en el seminario, la apertura del curso académico 2012-2013. Se comenzó por celebrar la Eucaristía, presidida por nuestro Obispo Casimiro, rogando el auxilio del Espíritu Santo en asistencia del curso tanto a alumnos y profesores.

            Seguidamente, comenzó el acto académico, con una brillante exposición de manos de José María Monforte, en la que se expuso el tema Fe y Razón en le pensamiento de Benedicto XVI.

            También, se expusieron los cursos pasados y por iniciar del Centro de Estudios Superior teológico del Seminario Mater Dei, el Instituto Pontificio de Juan Pablo II en Castellón y por último el  Instituto de Ciencias Religiosas.

Para finalizar el acto, nuestro Obispo Casimiro dio por iniciado el curso 2012-2013. 














La puerta de la fe se cruza cuando la Palabra de Dios se anuncia
y el corazón se deja plasmar por la gracia que transforma.
                                                                                     
                                                                                                                          (cf. Porta Fidei 1, de S.S. Benedicto XVI)




Anuncio y convocatoria:
El Papa Benedicto XVI nos invita a vivir y celebrar el año de la Fe. Comenzará el 11 de octubre de 2012, en el cincuenta aniversario del concilio Vaticano II y los veinte años de la publicación del Catecismo de la Iglesia Católica, y terminará en la solemnidad de Jesucristo, Rey del Universo, el 24 de noviembre de 2013.

Finalidad, ¿para qué un año de la fe?: (decir vivir es decir conocer, celebrar y transmitir)
  • Vivir la comunión de vida con Dios, porque el Señor nos llama a la conversión, a ser sus amigos
  • Vivir la vocación del bautismo, porque somos hijos de Dios
  • Vivir en y con la Iglesia, porque somos miembros de la familia de Jesús
  • Vivir la fe en la Trinidad, porque Dios es Amor
  • Escuchar la Palabra viva de Dios, creerla y transmitirla siendo sal y luz del mundo
  • Profundizar en el concilio Vat. II y el Catecismo de la Iglesia Católica
  • Tomar conciencia de la Fe, profesarla y transmitirla en la propuesta para la nueva evangelización

Pero, ¿qué es la fe? ¿qué es creer?:
Algunos dicen que creen en lo que saben, tocan y experimentan. Sin darse cuenta que todos los días y constantemente están fiándose y haciendo actos de fe: acostarte para levantarte al día siguiente, creer que cada célula de tu cuerpo tiene el ADN, creer que el Everest es la montaña más alta, creer que tu madre os preparará la cena…

Un paracaidista preguntó a un empleado del aeropuerto si estaba bien preparado el paracaídas. Aquel le respondió indiferente: “Creo que sí”. Esto no es suficiente para él; esto quiere saberlo seguro. Pero si se lo pide a un amigo que le prepare el paracaídas, éste le contestará a la misma pregunta: “sí, lo he hecho personalmente. ¡Puedes confiar en mí!”. Y el paracaidista replicará: “Te creo”. Esta fe es mucho más que saber: es certeza.

La fe es confianza, es dejarte amar y ser amado, Para responder con el sí creo, amando. Creer en Dios quiere decir comprender que con las cosas del mundo no se basta. Creer en Dios quiere decir comprender que la vida tiene un sentido. Tú también has experimentado que el mundo visible y el transcurso normal de las cosas no pueden ser todo. Sientes el misterio, una conmoción, una inquietud. Y sigues las señales que te indican la existencia y la presencia de Dios. Para finalmente acogerlo y alabarlo. Porque el mismo se nos comunica, nos habla, te habla.

¿A quién creemos y por qué?:
En el evangelio de san Juan leemos: “A Dios nadie lo ha visto jamás…” y es Jesucristo, el Hijo de Dios quien nos lo ha dado a conocer. Ha venido enviado por el Padre para eso: amarnos, abrirnos a la amistad con Dios y enseñarnos el camino del cielo: Por eso, debemos creer en Jesús si queremos saber qué nos quiere comunicar y decirnos Dios, nuestro Padre. Por eso creer es acoger a Jesús y jugarse toda la vida por él y con él.

Y, ¿cómo creer?:
  • La fe es un don de Dios que hay que pedir con humildad y sinceridad.
  • La fe es la fuerza para vivir como hijos y acoger la salvación y el amor de Dios.
  • La fe es saber, confiar y acoger la voluntad de Dios.
  • La fe tiene la garantía de Jesús.
  • La fe se vive en Iglesia, porque no creemos individualmente sino en la fe de la familia de Jesús.
  • La fe se completa con el amor y la esperanza.
  • La fe aumenta si escuchamos con más atención la voz de Dios y orando hacemos un intercambio, un diálogo vivo con él.


  • La fe es la alegría de sentirnos amados y de sabernos llamados para el cielo.

Exhortaciones finales:
Ante todo, es el amor de Cristo el que llena nuestros corazones y nos impulsa a evangelizar.

La fe sólo crece y se fortalece creyendo…abandonándonos en un amor que se experimenta siempre como más grande porque tiene su origen en Dios.

La alegría del amor, la respuesta al drama del sufrimiento y el dolor, la esperanza ante la profunda crisis económica y moral, la fuerza del perdón ante la ofensa recibida y la victoria de la vida ante el vacío de la muerte, todo tiene su cumplimiento en Jesucristo, Dios que se ha hecho hombre y vive con y por nosotros resucitado.

Esta es la Fe de la Iglesia (el Credo), la Fe de María, de los Apóstoles, de los discípulos, de los mártires, de los hombres y mujeres que han consagrado su vida a Cristo, de todos los bautizados, de todos nosotros, también de ti.

Reconociendo al Señor Jesús, vivo y presente en nuestras vidas, nos mueve a la caridad y a la esperanza, a las obras de misericordia, a buscar la justicia y el bien común, a ayudar a los más necesitados.

Que en este Año de la Fe, crezcamos y nos afiancemos en el regalo más grande que hemos recibido en la Iglesia.



videoMiguel Abril.

RETIRO ESPIRITUAL  EN TALES 2012-2013



Amigos de este blog:

            La semana del 16 al 22 de Septiembre, el seminario terminó el período de preparación al inicio de curso. Después de los días de convivencia, vinieron los días de paz y encuentro con el Señor: “Los ejercicios espirituales”.

            Son días de silencio en los que Dios nos habla, para transmitirnos aquello que nos es necesario a nuestra fe, impulsa nuestra vida a dar un paso más, ayudándonos a vivir más plenamente el seminario, en un camino de perfeccionamiento, asumiendo la identidad de Cristo sacerdote. En  la formación espiritual, la vivencia de los propios ejercicios, la exposición del Santísimo Sacramento, el rezo del rosario, la celebración de la Eucaristía, los momentos de escritura, el tiempo de lectura de la palabra de Dios, el servicio a los compañeros y sobre todo los momentos de Gracia.

            Los ejercicios espirituales, culminaron con la celebración de la Eucaristía con nuestro Obispo Casimiro. Al cual le agradecemos su presencia y exhortación, a vivir en una comunidad dispuesta a entregarse los unos por los otros, desde el servicio, la caridad, la fraternidad y el amor. Todo ello vivido desde la fe. 

SEMANA DE CONVIVENCIA DEL SEMINARIO MATER DEI.


           Queridos amigos de este blog:

Después de un largo verano, comienza el curso académico y la vuelta al seminario se hace patente. Septiembre es el mes del ánimo. Cada persona que encuentras por la calle y hablas con ella, suele darte un trozo de su confianza y apoyo en las palabras de “animo sigue adelante”. Así, con una sonrisa provocada por la alegría de sentirse animado por las personas, comenzamos este nuevo curso. Con ello y con la esperanza puesta en Cristo y la Virgen María. Ambos nos llenan de confianza, serenidad y felicidad. Sabiendo que están con nosotros, la vida en el seminario se hace muchísimo más amena, pacifica y provechosa.

            Este año, comenzó con buen pie, la entrada al seminario. En primer lugar, por las nuevas incorporaciones al seminario. Samuel, que era seminarista menor el año pasado, y que este año se incorpora a la comunidad del seminario mayor al haber aprobado el bachillerato. Santiago que viene del Grao de Castellón y empieza el curso de filosofía. Por último Alan, que viene de Valencia y es de México. A todos ellos ¡enhorabuena! Os recibimos con alegría. El segundo motivo de nuestra alegría es por haber comenzado las convivencias celebrando la Eucaristía el día 11 de Septiembre, en la fiesta de la Patrona de nuestra diócesis Segorbe-Castellón, la Virgen de la Cueva Santa. Celebración que fue presidida por nuestro Obispo Casimiro, el cual estaba muy contento por la festividad y las nuevas incorporaciones.

            El día siguiente visitamos la parroquia de D. Nuno Carvalho, párroco en Torreblanca. Pueblo límite de nuestra diócesis por el norte de la costa. Vimos la parroquia, el Cristo del calvario y un a capilla dedicada a San Francisco de Ásis, por cierto muy bien restaurada. Celebramos la Eucaristía y después visitamos la capilla de la playa.

            De un lado a otro de la costa, Almenara fue el pueblo que visitamos el jueves día 13 de Septiembre. Esta situado al sur de nuestra diócesis y apegado a la provincia de Valencia. Nos acogieron las Hermanas Angélicas del Sagrado Corazón, cuya fundadora es la Santa Genoveva Torres. Vimos el museo, la Iglesia y la casa donde viven las Hermanas.

            La semana fue intensa, pero nos ayudó a coger fuerzas.
             

miércoles, 16 de mayo de 2012

María, Orgullo de Nuestra Raza


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Ave María


Estamos en el mes de María. Mes dedicado a obsequiar de forma especial (aunque no únicamente en este mes) a nuestra Santísima Madre y Madre de Dios, María Santísima. Y es que, María es realmente el “orgullo de nuestra raza”, la “causa de nuestra alegría”. Aún siendo humana, su participación y colaboración en la Historia de la Salvación es esencial e insustituible, porque así Dios lo ha querido.

Con María, hermanos, con el consentimiento libre de Nuestra Señora y Soberana, se inicia la plenitud de los tiempos. El Ángel anunció a María, y solamente después de su “sí”, de su “hágase”, de su “fiat”; fue posible la Encarnación del  Verbo de Dios. Sí, efectivamente fue la conformación confiada de María a la Voluntad de Dios, la que hizo posible que el Verbo tomara la naturaleza humana y que la tomara de Ella misma. Vemos así, el papel esencial de la Virgen. María santísima es pues co-redentora. Colabora, con su abandono perfecto en la Voluntad Divina, en la misión salvífica de su verdadero Hijo, Jesucristo. Así pues, al igual que Eva, junto con Adán trajeron la muerte al mundo; del mismo modo Cristo (el nuevo Adán), con la colaboración de María  (la nueva Eva), han supuesto la salvación de aquellos que habían merecido la muerte: “establezco hostilidades entre ti y la mujer, entre tu descendencia y la suya … ella te herirá en la cabeza” (Gn.3) La muerte y el sufrimiento de Jesús en la Cruz, junto con el dolor indecible de su Madre y Madre Nuestra al pie de la Cruz (aunque verdaderamente también clavada en ésta) supuso la muerte de la muerte, la muerte del pecado.

Mirad, pues la Gloria de Dios, manifestada de forma admirable e incomparable en la Virgen de las vírgenes. María en una vida santa de unión total a su Hijo y al Padre, asistida por la Gracia del Espíritu Santo, fue colmada de gracias y bendiciones. De tal modo, fue preparada y preservada de la mancha del pecado original, Concebida sin tal mancha. Sólo de este modo podía ser digna de llevar en sí al Esperado, al Mesías y su correspondencia amorosa lo confirmó. Sin duda una gracia especial (contando con el concurso de la Virgen) es la de permanecer Siempre Virgen. Pues María fue virgen antes del parto (“sin concurso de varón”), durante el parte (“como la luz traspasa el cristal sin romperlo, Cristo, salió de María”) y lo sigue siendo después del parto (Jesús es el único Hijo de María).

Y por tal vida, modelo para todo cristiano, finalmente le fue concedido el ser Asunta en cuerpo y alma a la Gloria Celestial, donde está en presencia de los ángeles y los santos, juntamente con su Hijo, bajo la soberanía suprema de Dios Padre, toda la creación. Pues María, es reina de todos los santos, de la Iglesia (guía, intercesora, protectora, acompañante de la Iglesia) y de toda la creación que se rinde a los pies de tan “graciosa belleza” reflejo de la grandeza, bondad  y gloria del Dios Trino.

Sigue, Madre Admirable, intercediendo por tus hijos, que nos consagramos a ti, que buscamos tu protección, que te necesitamos como camino en nuestra salvación.

Dulce Corazón de María, sed la causa de mi alegría

sábado, 12 de mayo de 2012

El Rosario de la Virgen nos lleva a Cristo


El Mes de la Virgen María

Todos los días son día de las madres, pero por resaltar aún más el amor a tan significativa persona en la vida de cada uno, se ha convenido dedicarle un día especial al año, pero ¿cuándo?  Pues, en mayo: mes de las flores, que es como obsequiarlas con toda la belleza y colorido con que la misma naturaleza se engalana.

También la Madre de la Iglesia, María Santísima, es honrada de manera especial durante este mes. Muchas prácticas de devociones marianas están pensadas y enmarcadas por este sentir, peregrinaciones, jaculatorias, letanías, gozos y por supuesto el santo Rosario, que si bien su rezo no se limita solo a este mes –porque todos los días es día de la Madre- en este mes intensificamos nuestras expresiones de amor, y el rosario no es una excepción.

Esta oración sencilla, pero realmente provechosa para el progreso espiritual, ha sido muy atacada, el enemigo no soporta la veneración de María, la humilde sierva que permitió que el Salvador se encarnara en su vientre virginal. Por eso a tratado de desprestigiar dicha práctica tanto desde fuera de la Iglesia, calificándola de repetición cansosa y aburrida; como desde dentro, señalando que se desvía de la centralidad en Cristo, único salvador.

El beato Juan Pablo II en su carta apostólica Rosarium Virginis Mariae, muestra la centralidad del rosario en el misterio de Cristo, en efecto dice:

la primera parte del Ave Maria, tomada de las palabras dirigidas a María por el ángel Gabriel y por santa Isabel, es contemplación adorante del misterio que se realiza en la Virgen de Nazaret. Expresan, por así decir, la admiración del cielo y de la tierra y, en cierto sentido, dejan entrever la complacencia de Dios mismo al ver su obra maestra –la encarnación del Hijo en el seno virginal de María–

y también es importante tener en cuenta que de los 20 misterios del Rosario, incluyendo los misterios luminosos propuestos también por Juan Pablo II en la misma carta, 18 contemplan un pasaje de la vida de Jesucristo y sólo dos se refieren a María misma, pero en realidades en las cuales la intervención de Jesucristo es decisiva: la Asunción de María a los cielos  y su coronación por Reina y Made de todos.

Por esta misma realidad, por ser Madre de todos, los cristianos encontramos en la repetición de las avemarías un sentido pleno, ¿se puede aburrir o cansar un hijo de decirle “te amo” a su Madre, o puede la Madre cansarse de oír hacerle tal manifestación de amor? De seguro no, al contrario se mostrará muy feliz y agradecida. Y como madre solícita que es, deseando siempre lo mejor para sus hijos y consciente de no poder darnos ella lo que necesitamos lo pedirá a quien si pueda dárnoslo: a su Hijo, nuestro señor Jesucristo quien solo espera que lo sigamos, y María tomándonos de la mano y presentándonos ante Él nos dice cariñosamente: Haced lo que él os diga!

viernes, 4 de mayo de 2012

El Reto Pascual


La Pascua “Querer vivir por Él y que viva Él en nosotros”.

En la pascua, por la fe, nos encontramos con Jesús resucitado en cada momento del día. Podemos decir con más seguridad un sí al Señor. La Pascua es la prueba patente de que Dios nunca nos ha abandonado, y además, de que nos muestra cual es su Amor por nosotros. Un amor que escapa al razonamiento y que sólo se entiende con nuestra propia vida, Su Vida.

En la Pascua Dios se hace presente en nuestra vida de forma especial, porque después de haber sido testigos de su entrega por nosotros, nos hace partícipes, cómplices, hermanos, de esto que nos da y que nos sigue dando, la vida.

Por eso, vivir apasionadamente cada momento de la vida junto a Él, por Él y para Él, nos puede hacer conscientes de cuánto Dios está en medio de nuestras vidas.

Cada gesto, cada movimiento, cada suspiro, cada sonrisa, cada llanto, cada silencio, cada Eucaristía, vivamos con Él. Por que el Amor de Dios en Jesús nunca murió por nosotros. Atrévete a Vivirlo.

Pax et Bonum

sábado, 28 de abril de 2012

El Buen Pastor


 Buen Pastor, Buenas Ovejas

Los evangelistas nos presentan la imagen del pastor, tan típica del pueblo de Israel, para mostrarnos a Jesús como el Buen Pastor, pero no de cualquier rebaño sino del rebaño de la humanidad, es decir nosotros. Mas al calificarlo de “Bueno” lo hacen siempre contrastándolo con otros pastores, si se pueden llamar así, los que dejan a sus ovejas cuando les acecha algún peligro o a los que las tratan mal y se aprovechan de sus bienes: leche, lana y carne. Tales eran también los símiles con los que Dios en el antiguo testamento se refería a los que estaban al frente del pueblo. Con decir que Jesús como Pastor da la vida por sus ovejas, es suficiente para aceptar su cualidad de bondad, pero en su afán de ponernos alerta sobre todo el daño que hacen al rebaño esos falsos pastores, nos ha dicho también la forma de proceder de aquellos y al mismo tiempo sirve de acusación a los que así actúan.

 Sin embargo, la gran mayoría no está en la función de pastor sino de oveja –continuando con el símil-,  por tanto y de acuerdo con el evangelio de Juan  vamos en pos de Él, ya que dice “las ovejas le siguen, porque conocen su voz”. En la práctica parece no suceder exactamente así. Entonces es necesario tratar de descubrir que es lo que está fallando. El Pastor ya ha hecho su parte, ha dado la vida por sus ovejas y las llama constantemente, ven y sígueme.

El problema quizá esté entonces en las ovejas. El evangelista expone una explicación al seguimiento: porque conocen su voz. ¿Pero cómo conocer una voz que la sociedad y las preocupaciones que nos crea la misma no dejan siquiera escuchar?. Es necesario un gran esfuerzo, es necesario HACER SILENCIO. Sí, procurar un espacio de silencio en nuestras vidas, silencio exterior e interior, para escuchar la voz del Señor y seguirlo, escuchar su voz y conocerlo. Hay más. Este escuchar, conocer y seguir a Cristo no puede ser un hecho individual y egoísta, sino compartido y comunitario, una acción del rebaño, de la Iglesia.

¿Han pensado en la parábola de la oveja perdida desde el punto de vista de los números utilizados? Pues bien son cien ovejas, un número redondo que expresa la totalidad, y una la perdida. Exacto, ¡UNA! Es lo que se debe reflexionar. ¿Por qué no utilizaron por ejemplo dos o tres o diez, si dejar 90 ovejas por buscar diez no deja de ser sorprendente? Además puede afirmarse sin temor que más de una anda descarriada del rebaño. El caso es que aún siendo muchas las ovejas extraviadas se van perdiendo una por una. El individualismo, los deseos egoístas de tener sola, de progresar sola, incluso de salvarse sola, hacen que una oveja se pierda, en busca de supuestos mejores pastos.

Y así se pueden seguir analizando fallos, pero lo más importante es saber que si nos hemos descubierto perdidos y aislados del rebaño, más aún, heridos por el enemigo y hasta sin fuerzas para regresar, pertenecemos al rebaño del BUEN PASTOR, que nos está buscando desesperadamente pues dijo por boca del profeta “buscaré a la oveja perdida, tornaré a la descarriada, curare a la herida y confortaré a la enferma”,  y si os parece poco, la cosa no termina allí, sino que nos cogerá sobre sus hombros y lleno de alegría nos reincorporará al rebaño y hará fiesta por nuestro regreso.

lunes, 23 de abril de 2012

Paz a Vosotros


Paz a Vosotros

Hermanos,
Con  los misterios de la resurrección del Señor, descubrimos que Dios amó tanto al mundo que dio su único Hijo para morir a causa de los pecados del mundo. Después de la resurrección, Jesús apareció muchas veces a los que habían vivido y comido con Él: los apóstoles. El les dijo: “Paz a vosotros” (Lc 24, 36), comió con ellos y les envió para predicar lo que habían vivido y visto: lo que Jesús había dicho y hecho. Desde entonces, empezaron a predicar en su nombre perdonando los pecados y curando a los enfermos. Hace unos 2012 años que la Iglesia está transmitiendo esta nueva noticia: el Evangelio. Y cada uno de los que lo han conocido, lo han encontrado en sus vidas, lo han descubierto en la Sagrada Escritura, tiene que predicar en su nombre. Todos somos llamados, con obras  y palabras,  a anunciar la buena noticia: que Cristo ha resucitado y que quiere que los hombres resuciten con Él renunciando a los  pecados y amándose unos  a otros para que un día lleguen a su gloria en la vida eterna. ¿Cuál es tu contribución en el desarrollo de la paz en el mundo anunciando el Evangelio?

sábado, 21 de abril de 2012

En el Hijo hemos encontrado la Vida


“Por la Victoria de Rey tan poderoso, las trompetas del cielo anuncien la Salvación”

“Por la desobediencia de un solo hombre fueron constituidos pecadores todos” (Rm. 5,19). Esta ha sido la realidad del hombre. Una humanidad que por la desobediencia, por la soberbia de alzarse contra la Ley Santa de Dios, cayó en la muerte profunda del pecado. Esa muerte era lo justo por desobedecer al que es su Padre y su Creador. Pero Dios, aun siendo justo, es enormemente misericordioso. Así, “Él nos amó a nosotros, y envió a su Hijo como víctima expiatoria de nuestros pecados” (1 Jn. 4, 10) Éste, Jesucristo, Éste solo podía ser la víctima, la Hostia, la ofrenda digna y perfecta al Padre, pues Él solo es justo e inmaculado. Así, Dios Padre “no perdonó a su propio Hijo, sino que lo entregó por todos nosotros” (Rm. 8, 32). Se entregó al único Justo por los injustos. Él, que es justo, “tomó la condición de esclavo “(2 Cor. 5, 19), asumiendo y cargando con nuestro delito, con nuestro pecado, Él nos justificó ante el Padre. Él con el derramamiento de su Sangre Preciosa, dio muerte al pecado y con ello nos dio a nosotros la Vida, pues “Dios estaba en Cristo reconciliando al mundo consigo y no imputándole sus delitos” (Cor. 5, 19). Cristo pagó nuestra deuda y de una forma sobreabundante. Al hacerlo, lo que nos separaba del Padre, nuestro pecado, fue olvidado y eliminado, haciendo así posible la reconciliación del hombre con Dios al que había ofendido. “Como por la desobediencia de un solo hombre fueron constituidos pecadores todos, también por la obediencia de uno solo serán todos constituidos justos” (Rm. 5, 19). La muerte de Cristo, ha significado todo ello, pero por esta humillación de “someterse incluso a la muerte y una muerte de Cruz” (Flp. 2, 8), Dios Le ha levantado sobre todo y Le ha exaltado sobre toda la creación. En Él hemos sido renacidos, justificados y reconciliados con el Padre. Hemos sido reconocidos hijos en el Hijo, en el Hijo hemos encontrado la Vida. Puesto que Cristo murió, pero fue resucitado, nosotros “si morimos con Cristo, creemos que también resucitaremos con Él” (Rm. 6,8)

¡Alegría, pues, hermanos! Cristo nos ha justificado con su muerte y en su Gloriosa Resurrección vemos también nuestra vida. Así pues, vivamos como Cristo: obedientes en todo al Padre y humildes absolutamente ante nuestro Dios y nuestros hermanos, puesto que si nos entregamos a Él no quedaremos nunca defraudados, sino que viviremos con Él.
  
¡Un abrazo en Cristo resucitado!

viernes, 20 de abril de 2012

Evangelización en tiempos de Crisis


Dignidad Humana y Evangelización

La sociedad humana actual atraviesa una marcada crisis moral, política, económica y cultural producto de los paradigmas de felicidad que el mismo hombre se ha inventado. Estos paradigmas son como la receta que te vende el mundo para alcanzar una meta o un estatus, que por ser también del mundo, es temporal y pasajero. Sus ingredientes son: Tener, Poder y Placer.

No siendo suficiente tener fines tan banales, los medios utilizados deshumanizan de tal forma a la persona que terminan por reducirla a un objeto. Estas formas han sido analizadas científicamente y ofrecidas como sistemas económicos y políticos (capitalismo, comunismo) o como doctrinas modernas entre las que destaca el hedonismo cuyo fin primordial es el placer.

Estos modelos a su vez han generado un nuevo paradigma: El del hombre reducido a solo materia o solo espíritu, es decir visto de modo incompleto. Según este nuevo paradigma del hombre, éste solo tiene valor si es capaz de producir, consumir, proporcionar placer, percibirse como una gran energía positiva, o tener un sentir igual al del resto de su asociación.

Todos estos modelos nos alejan del ser humano Digno creado por Dios a su imagen y semejanza, ese ser corporal y espiritual, único e irrepetible con el que Dios coronó su creación y que vio que era MUY BUENO. De aquí que el hombre tiene valor en si mismo y ese valor no le puede ser arrebatado bajo ningún concepto ni fin. Es decir que el hombre tiene un valor intrínseco, es decir, así como un billete no pierde su denominación por estar arrugado, mojado, maltratado o pisoteado, el hombre no pierde su dignidad por su sexo, edad, clase social, higiene, cultura, religión, reputación o nacionalidad entre tantos factores que han servido como discriminantes, porque nuestro valor es un regalo Dios, somor su imagen, nos ha dado al dotarnos de inteligencia y voluntad, nos ha dado libertad y nos colocó en el tope de la creación.

Ese valor nos lo recuerda nuestro Señor Jesucristo al amarnos y recibirnos a todos y cada uno de manera individual y así quiere que lo hagamos: el no se dirigió a la masa de publicanos o prostitutas, ni solo a los de la casa de Israel, sino que llevaba su mensaje de forma personalizada, llamando por su nombre a sus discípulos, dialogando con cada necesitado; y universal, para que todo el que crea en él tenga salvación. La respuesta al mensaje refleja la mayor expresión de dignidad: nuestra libertad. Esta es un regalo precioso que debemos cultivar y respetar en nosotros y nuestros hermanos.
 
El buen uso de nuestra libertad se realiza en el bien obrar de la persona y la posibilidad de darle un valor agregado a nuestra existencia, así por ejemplo mientras un medico se dedica a preservar y mejorar la calidad de vida de un paciente, otro se puede dedicar a practicar abortos o eutanasia y así dos colegas pueden, entendiendo de manera distinta la libertad, enrumbar su vida hacia el bien o el mal y agregarle o restarle valor, porque gozan “como persona” del libre albedrío que el mismo Dios respeta tal como lo podemos apreciar en el anuncio a la Virgen María donde Dios le presenta el plan y ella acepta o en la propuesta hecha al joven rico y que éste rechaza. Por tanto si Dios respeta nuestra libertad que es expresión de nuestra dignidad también nosotros tenemos que respetarla.

Quienes estamos llamados a evangelizar –toda la Iglesia- debemos esforzarnos por cambiar ese paradigma del hombre-objeto por el paradigma del Hombre-Sujeto u Hombre-Persona para que podamos realizar una acción evangelizadora integral y humanizadora. Porque nuestro trabajo no estará bien hecho si no existe la debida promoción humana. Nuestro maestro cuando evangelizaba también se preocupaba por el aspecto humano de sus evangelizados como lo demuestra en los pasajes de la multiplicación de los panes y lo expresa en las parábolas del buen samaritano y el hijo prodigo, a quien a demás del perdón, le colocó un traje digno. Así lograremos un cristianismo autentico e integral y exaltaremos la dignidad de la única criatura que Dios amo por si misma: EL HOMBRE.

miércoles, 18 de abril de 2012

MENSAJE URBI ET ORBI DE SU SANTIDAD BENEDICTO XVI


Domingo de Pascua 2012

Queridos hermanos y hermanas de Roma y del mundo entero 

«Surrexit Christus, spes mea» – «Resucitó Cristo, mi esperanza» (Secuencia pascual).
Llegue a todos vosotros la voz exultante de la Iglesia, con las palabras que el antiguo himno pone en labios de María Magdalena, la primera en encontrar en la mañana de Pascua a Jesús resucitado. Ella corrió hacia los otros discípulos y, con el corazón sobrecogido, les anunció: «He visto al Señor» (Jn 20,18). También nosotros, que hemos atravesado el desierto de la Cuaresma y los días dolorosos de la Pasión, hoy abrimos las puertas al grito de victoria: «¡Ha resucitado! ¡Ha resucitado verdaderamente!».

Todo cristiano revive la experiencia de María Magdalena. Es un encuentro que cambia la vida: el encuentro con un hombre único, que nos hace sentir toda la bondad y la verdad de Dios, que nos libra del mal, no de un modo superficial, momentáneo, sino que nos libra de él radicalmente, nos cura completamente y nos devuelve nuestra dignidad. He aquí porqué la Magdalena llama a Jesús «mi esperanza»: porque ha sido Él quien la ha hecho renacer, le ha dado un futuro nuevo, una existencia buena, libre del mal. «Cristo, mi esperanza», significa que cada deseo mío de bien encuentra en Él una posibilidad real: con Él puedo esperar que mi vida sea buena y sea plena, eterna, porque es Dios mismo que se ha hecho cercano hasta entrar en nuestra humanidad. 

Pero María Magdalena, como los otros discípulos, han tenido que ver a Jesús rechazado por los jefes del pueblo, capturado, flagelado, condenado a muerte y crucificado. Debe haber sido insoportable ver la Bondad en persona sometida a la maldad humana, la Verdad escarnecida por la mentira, la Misericordia injuriada por la venganza. Con la muerte de Jesús, parecía fracasar la esperanza de cuantos confiaron en Él. Pero aquella fe nunca dejó de faltar completamente: sobre todo en el corazón de la Virgen María, la madre de Jesús, la llama quedó encendida con viveza también en la oscuridad de la noche. En este mundo, la esperanza no puede dejar de hacer cuentas con la dureza del mal. No es solamente el muro de la muerte lo que la obstaculiza, sino más aún las puntas aguzadas de la envidia y el orgullo, de la mentira y de la violencia. Jesús ha pasado por esta trama mortal, para abrirnos el paso hacia el reino de la vida. Hubo un momento en el que Jesús aparecía derrotado: las tinieblas habían invadido la tierra, el silencio de Dios era total, la esperanza una palabra que ya parecía vana. 

Y he aquí que, al alba del día después del sábado, se encuentra el sepulcro vacío. Después, Jesús se manifiesta a la Magdalena, a las otras mujeres, a los discípulos. La fe renace más viva y más fuerte que nunca, ya invencible, porque fundada en una experiencia decisiva: «Lucharon vida y muerte / en singular batalla, / y, muerto el que es Vida, triunfante se levanta». Las señales de la resurrección testimonian la victoria de la vida sobre la muerte, del amor sobre el odio, de la misericordia sobre la venganza: «Mi Señor glorioso, / la tumba abandonada, / los ángeles testigos, / sudarios y mortaja». 

Queridos hermanos y hermanas: si Jesús ha resucitado, entonces –y sólo entonces – ha ocurrido algo realmente nuevo, que cambia la condición del hombre y del mundo. Entonces Él, Jesús, es alguien del que podemos fiarnos Él, porque el resucitado no pertenece al pasado, sino que está presente hoy, vivo. Cristo es esperanza y consuelo de modo particular para las comunidades cristianas que más pruebas padecen a causa de la fe, por discriminaciones y persecuciones. Y está presente como fuerza de esperanza a través de su Iglesia, cercano a cada situación humana de sufrimiento e injusticia. 

Que Cristo resucitado otorgue esperanza a Oriente Próximo, para que todos los componentes étnicos, culturales y religiosos de esa Región colaboren en favor del bien común y el respeto de los derechos humanos. En particular, que en Siria cese el derramamiento de sangre y se emprenda sin demora la vía del respeto, del diálogo y de la reconciliación, como auspicia también la comunidad internacional. Y que los numerosos prófugos provenientes de ese país y necesitados de asistencia humanitaria, encuentren la acogida y solidaridad que alivien sus penosos sufrimientos. Que la victoria pascual aliente al pueblo iraquí a no escatimar ningún esfuerzo para avanzar en el camino de la estabilidad y del desarrollo. Y, en Tierra Santa, que israelíes y palestinos reemprendan el proceso de paz.

Que el Señor, vencedor del mal y de la muerte, sustente a las comunidades cristianas del Continente africano, las dé esperanza para afrontar las dificultades y las haga agentes de paz y artífices del desarrollo de las sociedades a las que pertenecen.

Que Jesús resucitado reconforte a las poblaciones del Cuerno de África y favorezca su reconciliación; que ayude a la Región de los Grandes Lagos, a Sudán y Sudán del Sur, concediendo a sus respectivos habitantes la fuerza del perdón. Y que a Malí, que atraviesa un momento político delicado, Cristo glorioso le dé paz y estabilidad. Que a Nigeria, teatro en los últimos tiempos de sangrientos atentados terroristas, la alegría pascual le infunda las energías necesarias para recomenzar a construir una sociedad pacífica y respetuosa de la libertad religiosa de todos sus ciudadanos.

Feliz Pascua a todos.